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El humo sagrado

  • EL PADRE DWIGHT LONGENECKER

¿Por qué usamos incienso en el culto?


thuriferLos monaguillos prácticamente luchan por tener el honor de ser el turiferario.

Ese es el nombre de quien lleva el turífero -el incensario- en la procesión durante la misa.  Quieren ser turiferarios porque llevan un sobrepelliz más ornamentado y porque saben que la tarea del turiferario es la más complicada y está reservada a los monaguillos mayores que tienen más experiencia.

El uso del incienso es opcional en la mayoría de las misas.  Se utiliza para purificar el ataúd en los funerales y para bendecir estatuas e imágenes.  Sin embargo, muchos sacerdotes católicos optan por no utilizar el incienso en la misa y en muchas parroquias se han olvidado de cómo se utiliza y del significado que tiene en el culto. Durante los últimos 50 años, se han abandonado y olvidado numerosas tradiciones católicas.  Muchos católicos se han limitado a cumplir con las formalidades y no entienden el significado de las distintas devociones y acciones de culto.  Cuando apareció la oportunidad de abandonar las formas antiguas, muchos sacerdotes optaron por dejarlas de lado en un intento de simplificar el culto católico y de hacerlo más accesible para todos.

Incienso antiguo

El primer uso registrado del incienso para el culto fue en Egipto alrededor del año 2400 a. C., es decir, 400 años antes de los tiempos de Abraham.  El incienso también se utilizó en la antigua China y desempeña un papel en las ceremonias budistas, sintoístas y taoístas.  Los hindúes también han utilizado el incienso para el culto en la antigüedad.

En el Antiguo Testamento, Dios le indica a Moisés la manera en que debe construir el tabernáculo -el templo itinerante de Dios.  El libro del Éxodo describe los pasos que deben seguirse para construir el altar de incienso que se colocará junto al altar de los sacrificios (véase 30, 1-10).  Cuando el sacerdote entraba al tabernáculo por la mañana y por la tarde para ocuparse de las lámparas permanentemente encendidas también tenía el deber de ofrecer incienso.

Así como las lámparas de aceite debían arder constantemente en el templo como un signo de la presencia de Dios, también había un pilar constante de humo que se elevaba hacia el cielo desde el tabernáculo.  El pilar de humo era un signo de la presencia constante de Dios entre las personas para guiarlas.  Anhelaban la columna de humo que conducía al pueblo hacia el desierto durante el día y la columna de fuego que los guiaba durante la noche.

Incluso Dios le dio una receta a Moisés para preparar el incienso: "Consigue las siguientes sustancias aromáticas en cantidades iguales: resina, ámbar, gálbano perfumado e incienso puro, y mezcla todo eso,  como lo hace un fabricante de perfumes, para hacer un perfume salado, puro y santo.  Reduce a polvo una parte de él y colócala delante del Arca del Testimonio, en la Carpa del Encuentro, o sea, en el lugar donde yo me encontraré contigo.  Esto será para ustedes una cosa santísima" (Ex 30, 34-36).

La ofrenda de incienso en la Misa entonces es una parte importante del culto católico. Es en ese momento en que nuestro culto en la tierra se conecta con el culto en el cielo.

Esta ofrenda judía de incienso continuó a lo largo de todo el período del Antiguo Testamento -primero en el tabernáculo y luego en el templo de Jerusalén.  El incienso también se ofrecía durante las ceremonias religiosas en las religiones paganas que los rodeaban.  De hecho, la mayoría de las referencias en la Biblia al incienso se dan cuando los profetas del Antiguo Testamento se lamentan de que el pueblo judío había abandonado muchas veces al Señor y había optado por hacer sacrificios a dioses falsos, incluso ofreciéndoles incienso.

¿Por qué el pueblo ofrecía incienso en primer lugar?  Los sacerdotes de las religiones paganas creían que el incienso era una "ofrenda espiritual".  El humo era una sustancia intermedia entre tierra y aire.  Los demonios estaban marcados por un hedor de azufre y el fuerte aroma del incienso los apartaba; mientras tanto, los dioses buenos quedarían apaciguados y darían protección y prosperidad a quienes les rendían culto.

El uso de sahumerios en las prácticas de la Nueva Era conecta a las personas a una tradición que supuestamente viene de los indígenas americanos de usar humo aromático para purificar la atmósfera de un área –alejando negatividades y creando un ambiente positivo.  En el debate tranquilo sobre el uso de sahumerios queda implícita la idea supersticiosa de que con el humo aromático se espanta a los espíritus malos y se complace e invita a los "espíritus buenos".

Los paganos ofrecían sacrificios para obtener beneficios de los dioses.  Dios prohibió la ofrenda de incienso en el Antiguo Testamento, no sólo porque era una forma de rendirle culto a los dioses paganos, sino que además era una manera de invitarlos a sus vidas.

El aumento del incienso

El padre de Juan el Bautista, Zacarías, era sacerdote de la religión judía.  Estaba por cumplir su turno en el templo cuando se le apareció el ángel Gabriel y le informó sobre el embarazo de su esposa, Isabel.  En ese momento se estaba ocupando de la ofrenda de incienso de la tarde.  A medida que lo hacía, sus acciones evocaban al Salmo 141, 2: "que mi oración suba hasta ti como el incienso, y mis manos en alto, como la ofrenda de la tarde".

El salmista expresa el verdadero significado de la ofrenda de sacrificio.  El humo ascendente no sirve para apaciguar a dioses falsos enfadados o para expulsar a demonios aterradores, sino que es un símbolo de oración.  El humo flotando en el aire y las manos alzadas en el gesto tradicional de oración nos ofrece un símbolo muy poderoso y conmovedor de oración pura y sincera al verdadero Dios.

Este hermoso acto de oración se observa en el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista.  Que un sacerdote de la Antigua Alianza esté haciendo una ofrenda de incienso cuando se anuncia el nacimiento del precursor de la Nueva Alianza guarda relación con el uso del incienso como una ofrenda de oración para adorar a Cristo, nuestro Señor.

La realización de este culto se describe en el libro del Apocalipsis, cuando San Juan tiene una visión del culto en el cielo (véase capítulo 4).  Entiende que el culto en el cielo es la realización del culto judío en el templo.  Debido a esta visión y a que los primeros cristianos eran judíos, tendría sentido suponer que los primeros cristianos utilizaban el incienso en sus ceremonias eucarísticas.

Muchos católicos se han limitado a cumplir con las formalidades y no entienden el significado de las distintas devociones y acciones de culto.

La ofrenda de incienso tal como se la veía en los primeros siglos de escritos de la Iglesia suele ser negativa.  Una de las formas más comunes de pedir a los cristianos que comprometieran su fe era forzarlos a ofrecer incienso a los dioses paganos.  Es probable, entonces, que la práctica de utilizar incienso en el culto cristiano se haya abandonado para evitar confusiones entre los fieles y para dar un testimonio claro: las ofrendas de incienso estaban asociadas con el paganismo y entonces fueron abandonadas por los cristianos.

El incienso en la adoración regresó en el siglo quinto, una vez que el cristianismo ya estaba sólidamente establecido.  Su uso fue aumentando de este a oeste de modo tal que se universalizó su sentido como símbolo de oración y una forma de santificación y purificación.

Revelación de incienso

A medida que aumentó el uso del incienso, su relación con el libro del Apocalipsis se percibió con mayor claridad.  El apóstol Juan pudo ver claramente que la ofrenda de incienso era un hermoso símbolo de oración. Entonces, escribe, "los veinticuatro Ancianos se postraron ante el Cordero.  Cada uno tenía un arpa, y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los Santos" (5, 8).  El humo del incienso, junto con las oraciones del pueblo de Dios, se elevó a Dios de la mano del ángel.

Los servidores en la misa católica se arrodillan ante el altar durante el Santo -cuando los fieles cantan con los ángeles "Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo llenos están los cielos y la tierra de tu gloria".  De ese modo, repiten el cántico de los ángeles en el cielo.  Luego, el servidor mece el incienso mientras el sacerdote ofrece al Cordero de Dios en el altar.  En ese momento de la misa, se abren las puertas del Cielo y se encuentran la tierra y el Cielo, y logramos tener una breve visión de la gloria.

La ofrenda de incienso en la misa entonces es una parte importante del culto católico.  Es en ese momento en que nuestro culto en la tierra se conecta con el culto en el cielo.

Además, se cumple la profecía de Malaquías.  Dijo las palabras del Señor: "Pero desde la salida del sol hasta su ocaso, mi Nombre es grande entre las naciones y en todo lugar se presenta a mi Nombre un sacrificio de incienso y una ofrenda pura" (Mal 1, 11).

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Agradecimiento

longeneckerEl padre Dwight Longenecker. "Holy Smoke!" Our Sunday Visitor Newsweekly (The Catholic Answer) (28 de marzo de 2014).

Reimpreso con el permiso del Padre Dwight Longenecker. Ver el artículo original aquí.

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Sobre El Autor

Longenecker1LongeneckerEl padre Dwight Longenecker es párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario en Greenville, Carolina del Sur. Es autor de varios libros sobre apologética, relatos de conversión y espiritualidad benedictina, entre los que se incluyen los siguientes:  The Romance of Religion — Fighting for Goodness, Truth and BeautyCatholicism Pure and SimpleSt. Benedict and St. Therese: The Little Rule & the Little WayAdventures in OrthodoxyPraying the Rosary for Inner Healing, Listen My Son: St. Benedict for FathersChallenging Catholics: A Catholic Evangelical DialogueSt. Benedict and St. Therese: The Little Rule & the Little WayMary: A Catholic-Evangelical Debate y The Path to Rome. Visite su sitio haciendo click aquí y su blog aquí, allí podrán escuchar los podcasts de sus conferencias y homilías.

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